Leo, oigo y escribo.

martes, julio 18, 2006

De Noche Profunda II.

Hoy, siete años después de haber escrito la primera parte de esta historia por fín me decido a poner por escrito la continuación de este relato que en algún momento fué pensado como simple ejercicio de narrativa; pero ahora reconozco que es verídico y que todos los personajes somos reales.

Ahora que lo pienso no se porqué nunca lo había hecho, quizás en el fondo me daba vergüenza o me preocupaba que alguien se fuera a peinar por lo que iba a contar, ya saben: familia, amigos, novia... Sin embargo, hoy después de siete años ya no me importa que se sepa y me siento muy orgulloso de haberlo hecho pues nunca se me volvió a presentar una oportunidad igual y jamás he conocido a alguien que pueda contar algo similar.

En pocas palabras, puedo vanagloriarme de ser uno de los pocos que han llevado a cabo la mayor fantasía de los miles de millones de hombres calenturientos afectos a tirar su dinero en los Table Dance de cualquier parte del mundo: ligarse una puta en el bule sin que te saque el dinero, coger gratis y que encima de todo ella invite las chelas, el hotel y hasta los taxis. Cómo la ven?.

Ojo, en este punto debo recomendarte querido lector, que si no haz leido la primera parte de esta historia lo hagas pues para que le agarres el hilo y nos ahorremos detalles que se describen en ella. Dicho lo anterior, continuamos con la historia.

Al día siguiente, como sucede comúnmente después de un jueves siguió el viernes (jeje, no pude evitar decir esta mamada) tal y como habíamos hecho el plan mis amigos y yo, nos fuimos a la tocada del grupo del Sompimpo y "según el plan" en cuanto saliéramos del toquín nos íbamos a ir a los Canarios (así se llamaba el bule).

El toquín terminó sin pena ni gloria, el panzón recogió sus chivas y ya estábamos en el carro esperándolo los Zaras, el Tesmon y yo para seguirla. Aquí cabe mencionar que en toda la noche yo ni había hecho referencia alguna a lo de ir al bule después de la tocada y mucho menos les había platicado la aventura que había comenzado por mi propia cuenta el día anterior.

En cuanto se subió el Sompuerco al carro y arrancamos yo empecé a preguntar qué pedo, a dónde la íbamos a seguir?. Y como si hubiera dicho la mayor barbaridad todos me voltearon a ver con cara de: cómo que a donde?. Como nota al margen de esta historia, tengo que explicar que para estas fechas yo ya estaba estudiando en Guadalajara y sólamente andaba de vacaciones en Irapuato (que es donde hasta la fecha radica mi familia), y para mí era bastante común seguir la fiesta cualquier día de la semana mientras hubiera ánimos y algún lugar a dónde ir. Pero en ese momento me dí cuenta de que mis amigos no tenían (otra vez) ninguna intención de ir a otro lado que no fueran sus propias casas a dormir y, además de todo, les parecía una necedad de mi parte querer seguir la fiesta (...o empezarla).

Total que ya cualquier argumento hubiera estado de más. No valía la pena ni contarles lo que había pasado el día anterior, ni que había un plan de por medio para ir esa noche al bule a ver gordas... nada, simplemente me callé y esperé a que me llevaran a mi casa; "ahorita que me dejen agarro un taxi y me largo yo solo" pensé, al cabo ni que fuera la primera vez que lo hacía, acá en Guadalajara me la aplicaban igual.

Sin embargo, cuando pasamos por el bule (que quedaba camino a mi casa) les pedí que me bajaran ahí mismo, así valiéndome madres. Total, ni que fueran mis papás esos weyes. Con todo y su sorpresa, su incredulidad y su carrilla, me bajé del carro y me despedí de ellos. Si ya se querían ir a dormir ese no era mi pedo, yo quería seguirla y tenía algo qué terminar ahí.

Una vez más y por segundo día consecutivo me encontré frente a la puerta de los Canarios, en aquel entonces el único bule de Irapuato. En realidad este local comenzó como cabaret yo creo que desde los años 80, pues recuerdo que cuando era niño a veces pasábamos en carro frente a él (pues curiosamente se encuentra sobre un boulevard en una zona comercial de Irapuato y a tres cuadras de la casa de mi abuela) y al ver sus luces de neón y la marquesina que decía "Los Canarios" les pedía yo a mis papás que algún día había qué ir ahí... jajaja, ahora comprendo la cara que ponían y porqué nunca me llevaron. Qué cagado darme cuenta ahora que desde niño ya me sentía atraído sin saberlo hacia ese tipo de lugares, y que algunos años después seguiría pidiéndoles lo mismo a mis amigos. Total que en algún momento de mi vida me llevé al Sompimpo a conocerlo (pero esa es otra historia).

Al entrar al lugar lo primero que advertí fué que ese día estaba mucho más concurrido que el día anterior, tanto así que ahora sí no pude darme el lujo de escoger mesa. Simplemente me senté en la primera que vi desocupada. Tal y como lo esperaba ví que Erika andaba por ahí fichando muy ocupada en la mesa de algún cliente. Pues total, si tiene mucho trabajo y no tiene tiempo para mí ni modo, me dije yo acá muy cool; cuando menos me voy a sentar a ver viejas.

Qué sorpresa tan agradable fué ver que en cuanto tuvo una chance de darse una escapadita, vino a saludarme y a sentarse un ratito conmigo en mi mesa.

Ahora, después de tantos años, ya no recuerdo todos los detalles de esa noche. Es una lástima pues quizás son cosas que se han perdido para siempre y todo por mi jotería para escribir esta historia (ni que todo mundo la fuera a leer), además de que mi cabeza ya no da para eso con tanta droga que me he ocupado de meterle durante este tiempo. Pero lo que si recuerdo de las primeras cosas que me dijo Erika esa noche fué que no esperaba que fuera a ir yo ese día y que tuviera paciencia porque no iba a poder estar conmigo como la noche anterior pues había muchos clientes y su chavo acostumbraba ir los viernes a verla trabajar. Y así ya con las cosas claras, decidí quedarme de todas formas y esperar a ver qué pasaba. No me iba a arrepentir.

La noche avanzó, las bailarinas no dejaban de salir a encuerarse; el mesero de la noche anterior se acordó de mí y no me estuvo ofreciendo bebida, tanto así que era yo el que tenía que estarlo correteando para que me trajera más chela. Erika mientras tanto iba de la pista a la mesa de algún cliente y de vez en cuando pasaba por donde estaba yo sentado para robarme un traguito de mi chela, abrazarme por detrás y repegarme sus tetas, o simplemente sentarse a platicar y tomarse un descanso.

En algún momento me dí cuenta de que estaba sentada con un chavo que obviamente no era un cliente; no sé, por la mala cara que tenía el wey y por la actitud de ella; así que supuse que era su novio que ya había llegado. No es que yo me las dé de muy carita o algo por el estilo, sino que simplemente no me pareció la gran cosa el wey o no se, con lo poco que llevaba conociendo a Erika quizás esperaba que tendría mejores gustos, quien sabe igual y la tenía de dulce el wey.

Al cabo de un rato, quién sabe cómo estuvo la onda (les digo que ya no recuerdo los detalles); pero el chiste es que Erika me presentó a su wey y no sé ni como estuvo pero terminamos sentados los dos en la misma mesa sin cruzar ni una sola palabra mientras ella se encueraba en la pista. Chale, qué mal pedo para ese wey, ahora que lo recuerdo en ese momento realmente sentí lástima por él, y eso que no es algo que me pase muy seguido. La neta no sé cómo sería la relación de ellos, si en verdad era su novio o solamente su padrote; pero el wey se veía bastante incómodo e inmediatamente se le notaba que no estaba para nada de acuerdo con la ocupación de su morra, quién sabe, igual y el wey si la quería de neta y tenía esperanzas de sacarla de esa vida, o igual y nomás era un wey calenturiento que la había conocido como yo y ahora se la estaban aplicando y estaba celoso. Total que mientras yo pensaba todo esto y veía cómo se encueraba su vieja, el wey seguía sentado a mi lado y en algún momento me dí cuenta de que me estaba convirtiendo en un potencial candidato a recibir una muy buena putiza en aquel lugar esa misma noche. Pero pues ni modo que me madreara por ver a su vieja encuerada, digo, en otras circunstancias tendría razón para hacerlo; pero tomando en cuenta que, como yo, había otros cincueta cabrones haciendo lo mismo, pues no mames... total que yo mismo me empecé a sentir incómodo.

La noche siguió avanzando y llegó el momento en el que el novio de Erika agarró, se paró de la mesa y salió del bule; ella hizo por alcanzarlo, intercambiaron algunas palabras cerca de la entrada y al final él salió bastante molesto. Mal pedo por el chavo, pero chido por mí porque eso me dejaba todo el camino libre para esa noche; ya solo era cuestión de esperar e irle tanteando la onda con Erika a ver qué tan lejos quería llegar con este juego. De aquí en adelante ya todo fué más fácil y siguió más o menos el mismo curso que había llevado hasta ese momento: Erika siguió trabajando en algunas mesas, subía y hacía su número en la pista y de repente venía conmigo.

En una de esas "escapaditas" que se daba a mi mesa, empecé a zondear cómo iba a estar la onda pa' después... y como es lógico la primera respuesta de la morra fué el clásico: "esque no nos dejan salir con clientes a menos que pagues mi salida... algo así como $600.00 " y pues claro que yo no traía esa lana ni pensaba hacer algo similar. Así que cambié de tema y decidí esperar a ver cómo se daban las cosas.

La noche siguió más o menos igual y la verdad es que no recuerdo ningún detalle en particular, de lo que si estoy seguro es que ví mucha piel aquella noche, tomé mucha cerveza y platiqué mucho con Erika. En algún momento de la noche, entre las 4 y 5 de la mañana, ella misma me dijo: "¿entonces qué?, ¿nos vamos a ir juntos?" y yo: "... pues como tú digas", - "ok, entonces sólamente deja voy a guardar mis cosas, cambiarme, cobrar y aquí te veo".

En ese momento entendí el verdadero significado de la frase "el que persevera alcanza": nótese que hasta ahora no he hecho ninguna mención de cachondeo alguno o agarrón de alguna parte íntima de Erika, y no por falta de ganas ni por un súbito arrebato de autocensura, sino que en realidad no hubo tales toqueteos; no puedo decir que desde que entré me haya propuesto "hoy me voy a portar bien y voy a tratar a Erika como a una dama", pero en la práctica creo que eso fué lo que ocurrió, me limité a platicar con ella, verla bailar y de repente bailar una que otra pieza con ella. Incluso recuerdo que ella misma me invitó a subir al segundo piso del antro, ahí donde sólo van las parejas a bailar o los hombres solos a pagar por una pieza de baile; creo que todo eso fué sumando puntos a mi favor para lo que vendría al final de esa noche.

El antro se iluminó y no precísamente por el lapsus de gloria que estaba yo experimentando, sino porque ya se había acabado el cotorreo e iban a cerrar; ahí fué cuando me preocupé, - "chale, ya están corriendo a todo mundo y yo aquí esperando a esta morra, se me hace que me van a sacar y me la voy a pelar..."; pero no contaba con que la misma Erika se había encargado de presentarme un día antes con el mesero como su propio hermano, así que mientras el mesero les pedía amablemente que se retiraran a todos lo asistentes a mi alrededor, yo pude permanecer ahí sentado esperándola. Después de un rato no muy largo, Erika salió ya arreglada y vestida como cualquier morra común y corriente que te puedes topar en la calle, arrastrando su maletita de llantas con todo su vestuario e invitándome a salir del antro para que tomáramos un taxi.

"Chin!, si va en serio este pedo!", "¿a dónde vamos ahora?", "¿me veré muy pendejo si le pregunto?", "¿y si me asaltan?", "qué buena se vé", "no pierdas de vista al taxista", "chale, ando bien pedo", "no te quedes jetón, andas bien pedo y bien caliente"... estos y otros pensamientos pasaban por mi mente mientras me subía al taxi con Erika bajo la mirada calenturienta e incrédula de todos los weyes que iban saliendo del bule aquella noche, hay que volverlo a decir: por segunda noche consecutiva, estuve de moda.

Ya en el taxi Erika se acurrucó en mí y pues yo ni tardo ni perezoso le pasé un brazo por detrás de su cuello para que se recargara chido. Ahí fué cuando el taxista preguntó: "¿a dónde los llevo?". Y chale, pues yo ni puta idea de qué contestar, supongo que el tipo esperaba que yo le diera la respuesta; pero al contrario de cómo comúnmente ha de suceder en esos casos, yo no era quien estaba decidiendo el transcurso de los sucesos aquella noche. Ahí fué cuando Erika propuso ir por unas chelas para "antes de". Yo seguía con mi paranoia, "antes de" que?, chale, y yo sin mucha lana, sin confianza para preguntarle, ¿y a dónde íbamos a ir a conseguir chelas a esas horas?... "al depósito que está en la gasolinería de la salida a León" dijo ella; - "chíngale, vamos a salir a carretera y yo bien pedo, ahorita me roban, me matan y todo por pinche caliente", - "cómo nó señorita" dijo el taxista, agarró rumbo a dicho lugar y hasta le cambió de estación y nos puso musiquita romántica, jejeje, es neta y Erika se volvió a recargar en mí como si estuviera disfrutando del momento.

Al cabo de unos 10 minutos, ya que en Irapuato las distancias no son muy grandes, llegamos a la gasolinería y Erika le pidió al taxista que nos aguantara mientras comprábamos en el supercito que estaba ahí. Entramos y ella se fué directito al refrigerador de las chelas por unos dos sixes de modelo de bote, yo por acá iba haciendo mis cuentas de la lana que me quedaba; pero para sorpresa mía ella misma agarró rumbo a la caja y las pagó de su propio dinero...

"Bueno, pues al parecer esto si va en serio" - pensé y en algún momento de lucidez pensé en comprar unos condones; pero la cagué y no lo hice por razones que igual y no les parecen tan válidas, lo se; pero pónganse en mi lugar: cuando Erika pagó las chelas intercambió dos o tres comentarios con los tipos que atendían la caja que me dieron a entender que se conocían y que no era raro que ella llegara a esas horas a comprar pisto, por lo tanto si yo pedía unos condones se haría evidente lo que yo creía que íbamos a hacer y que hasta ese momento no estaba seguro que estuviera en los planes de Erika, no se total que no los compré y dejé pasar la oportunidad, acepto que la cagué. Esto me costó mucho tiempo de incertidumbre y un exámen de VIH que afortunadamente dí negativo.

Cuando nos subimos al carro el taxista volvió a hacer la misma pregunta embarazosa de antes: "a dónde los llevo", y Erika contestó: "al motel que está ahí adelantito del campo militar... " zas, la morra estaba decidida a continuar con la aventura y ya para ese momento a mí se me había quitado un poco la paranoia... ahí fué cuando me dí cuenta de que debí de haber comprado los condones cuando pude, chale!. Durante el trayecto al motel el taxista iba comentando que seguido le tocaba llevar gente a ese motel y que incluso una vez se había enterado de que habían encontrado muerta a una mujer en uno de los cuartos. Chale, ahí me volvió a dar la paranoia; pero confieso que pudo más mi calentura que mi miedo y decidí continuar con el cotorreo.

Continuará...

Etiquetas:

viernes, julio 14, 2006

De Noche Profunda I.

No era la primera vez que deambulaba solo por la noche, ni la primera que decidía caer en un antro similar. Y mucho menos, la primera vez que me sentía tan solo como para buscar compañía mercenaria. En ese lugar donde uno suele encontrarse a los ya no tan inocentes amigos de la primaria, al conocido que finge demencia y no te saluda, o incluso al padre de uno que otro amigo que por poco y se encuentran en el mismo lugar a esas horas de la noche… En ese lugar uno no puede evitar sentir gusto por ser decadente de vez en cuando, de disfrutar los momentos turbios de la vida, la deliciosa soledad y la autocompasión.

Nunca la falta de dinero me impide gozar del espectáculo que se presenta a tres turnos por noche, a las 11:00, a las 12:30 y a las 2:00, con un eterno relax de media hora entre cada uno para fichar un rato y bailar alguna pieza tropical por diez pesos. Mientras dure la interminable chela de la noche uno tiene acceso un número determinado de bellezas, unas más que otras; y algunas, según el gusto, nos levantan un pequeño bulto que ocultamos con la mesa o con la mano que sostiene el cigarro.

Ese día todo empezaba de la misma manera a la que estaba acostumbrado: sin contar con un amigo, y antes de regresar a casa, decidía a pasar un rato a tomarme una chela. Nunca antes me había sentido tan tranquilo al llegar a ese lugar, del que ahora ya me sentía parte; ni siquiera al pasar el trance de la revisión de la entrada me sentí incómodo. En el interior comenzaba la primera función y una dama (y le llamo así porque después de cierta experiencia en estos lugares uno aprende a respetar a esas mujeres, a menos que quiera vérselas con el de seguridad) bailaba desganadamente mientras el personal empezaba a empinar las primeras rondas de la noche. Siempre es así al principio.

Tomé asiento en una mesa un poco retirada de la pista pero que permitía apreciar casi la totalidad de ella y el tubo central donde se ejecutaban las coreografías prohibidas de los temas de moda en radio y las discos, donde las niñas bien los bailan sin saber porqué uno insiste en recordar un tubo cuando oye esa música. Al poco rato ya tenía una cerveza en mi mesa y el mesero me entregaba el cambio de uno de los pocos billetes que cargaba esa noche, y todo sin que terminara aún la primera bailarina.

Curiosamente me sentía diferente esa noche, un poco más solo de lo normal, un poco feliz de estar así sin comprender porqué mis amigos insisten en negar que les gustan los placeres de esta vida nocturna, disfrutando el darme cuenta que en realidad puedo ser diferente a como mucha gente piensa que soy.

Mientras pensaba y disfrutaba de esa soledad un pequeño golpe en mi hombro me hace voltear a buscar quién me llama, volteo buscando algún conocido y nada… una que otra mujer y varios hombres detrás de mí sin poner atención a lo que sucede fuera de la pista o más allá del alcance de sus manos. Un segundo proyectil, y esta vez sí estuve seguro de sentirlo, mas no hay responsable y sí me comienzo a molestar. Al tercero decidí voltear y no dejar de hacerlo hasta dar con el gracioso que se divierte conmigo que termina por ganarle la risa y es precisamente la de una de las chavas que se encuentran platicando solas en una mesa detrás de mí. Con un gesto que hasta a mí me sorprende la saludo como si no fuera la primera vez que esto me pasa y ella me dice: “¿porqué tan solo?, vénte a platicar con nosotras.”; de nuevo me sorprendo a mí mismo, me levanto con toda tranquilidad y me voy a sentar justo en medio de ellas.

Ella no deja de reirse y me pregunta porqué me encuentro solo en un lugar como ese: -“pues ya ves…” –“¿te gusta venir aquí?” –“si” –“¿solo?, nunca te había visto antes” –“yo tampoco a tí, ¿cómo te llamas?” –“Erika, y ella es Claudia” –“Mucho gusto Erika, aunque ese no sea tu nombre” –“No, en serio, así me llamo. ¿Y tú cuántos años tienes? ¿quince?” –“¿Cómo crees?, ¿a poco me veo tan chico?. No, tengo veintiuno.” –“Sí, como no…” –“No, en serio…” –“¿Y cómo te llamas?” –“Me llamo Leonardo.”.

Bueno, por lo menos había encontrado una mujer con quien conversar mientras su compañera se mantenía distante y nos miraba con una pequeña sonrisa hasta que se levantó y fue a prepararse para hacer su número. Mientras, nosotros continuábamos con nuestra interesante conversación y discutíamos sobre quién mentía y quién decía la verdad. Cosa que a ninguno nos importaba realmente mientras continuara la conversación. La noche de ese jueves transcurría lenta y afortunadamente ella regresaba a mi lado cada vez que terminaba de bailar. La poca afluencia de clientes le permitía darse el lujo de dedicarme toda la noche y seguir molestándome con mi edad, cosa que mientras la mantuviera cerca de mi, no me molestaba en lo absoluto.

-“¿Tienes mucho trabajando aquí? –“Si, como dos meses” –“No es cierto, hace un mes vine y ninguna de las chavas de hoy estaba trabajando entonces” –“No, en serio… ¿y tú a qué te dedicas?” –“Estoy en la universidad” –“¿Qué estudias? ¿médico? ¿abogado?” –“No, estudio diseño gráfico” –“¿Y eso qué es?”. No lo podía creer, hacía tiempo que no tenía la oportunidad de conocer a alguien totalmente ajeno a mi carrera, ella no tenía manera de etiquetarme como suele suceder, no sabía cómo tratarme y yo no tenía qué preocuparme pos concordar con una imagen preconcebida de mi profesión. Dejando de lado toda posibilidad de entablar una de las ya acostumbradas pláticas intelectualoides sobre los problemas profesionales más controvertidos del momento, nuestra conversación se tornó más tonta y mucho más relajada; al grado que ya ni los meseros me molestaban para ver si quería tomar algo más y ella no me pidió jamás que le invitara de otra que no fuera mi chela.

En un momento dado, nos paramos a bailar. Al contrario de cómo generalmente sucede, ese día no me sentía para nada agraciado al hacerlo, de hecho me sentía observado y así era. Ya empezaba a notarse demasiado la preferencia de ella hacia mí y seguramente había más de alguno entre los pocos asistentes que esperaba su turno para invitarla a su mesa a fichar un rato. Bailamos una pieza tropical, durante la cual ella no paró de burlarse de mí ya que no atinaba a coordinar ningún paso. Luego vinieron las “calmaditas”, ya un poco más relajado y provocando más de una mirada indiscreta de las mesas cercanas a nosotros que ya empezaban a darse cuenta que mientras ellos pagaban a $10.00 la canción yo ya llevaba 5 y sin preocuparme por dinero ni tener qué invitarle de tomar nada a ella. No cabe duda, estuve de moda esa noche.

En un momento dado la vi platicando con dos chavitos, al parecer demasiado chicos para estar en ese lugar. Bueno, el caso es que me los presentó y nos quedamos platicando mientras ella iba a decirle al de la cabina que quería bailar dos rolas del disco que estos chavos le habían llevado. –“¿Qué disco es?” –“Uno del haragán”. Órale, ya empezaba a imaginar que rola le iban a poner… y no me equivoqué, después de la primera: “Se le hizo fácil”, siguió la calmadita, en la que todas las chavas se desprendían de su ropa; y fué precísamente la de “Mujer de la calle”.

Entre la nostalgia al recordar a un cuate ya muerto y la excitación al ver bailar a la chava, no me quedó más que aceptar que éramos precisamente lo que decía la canción: “… mujer de la calle que se vende por un devaluado tostón; inexperto en amores que devora cualquier mujer…”

-“Oye, ya me tengo que ir” –“¿ya tan pronto” –“Si, pero ¿te puedo venir a ver mañana?” –“Quién sabe, mañana viene mi chavo, es viernes y hay más clientes” –“No importa, mañana quedaron de venir unos amigos conmigo” –“Ah, pues si quieren les presento a otras de las chavas de aquí para que platiquen con ustedes” –“Zas, entonces mañana nos vemos aquí”.

Etiquetas: